cómo elegir el mejor calzado para los niños
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Cómo elegir el mejor calzado para los niños

Publicado el mayo 20, 2022 en 10:59 am por / Comentarios desactivados en Cómo elegir el mejor calzado para los niños

Elegir el calzado más adecuado para los niños, durante su etapa de desarrollo, es una decisión muy importante. Con la elección correcta estaremos favoreciendo su desarrollo físico y motor al mismo tiempo que cubrimos sus necesidades tanto funcionales como a nivel de comodidad.

Para saber cómo elegir el mejor calzado para los niños, es imprescindible tener en cuenta dos aspectos fundamentales: la etapa de desarrollo en el que se encuentra y la necesidad de cuidar una piel muy sensible. Con esos cuidados en mente ya será posible hacer la mejor elección, adaptada a las necesidades individuales de cada niño.

Cómo proteger los pies de los niños durante los primeros meses

En los primeros meses de vida, los pies de los bebés están en una etapa de desarrollo y formación, siendo blandos y cartilaginosos. Esa característica los hace moldeables lo que puede suponer un problema si se utiliza calzado inadecuado a tan corta edad.

Es necesario que calzado o calcetines no opriman el pie y que permitan la total libertad de movimientos del pie y de los dedos. Además, como en esta etapa los niños no se mueven solos, no es necesario un zapato como tal, con su suela y sus refuerzos. Es preferible algo más ancho para que se pueda estirar a su voluntad, pues su única función en esta etapa es la protección frente a la temperatura y otras condiciones climáticas.

Cómo debe ser el calzado durante la etapa del gateo

Al empezar a gatear, los pies de los más pequeños empezarán a sufrir las primeras lesiones, fruto de sus intentos de evolución y su inestabilidad.

En esta etapa empiezan a tener utilidad los zapatos de adaptación, que les protegerán los dedos y uñas de las lesiones más comunes en esta fase al tener una puntera reforzada.

El zapato en sí debe seguir siendo ancho para seguir permitiendo la total libertad de movimientos. Además, cómo al gatear el pie no se pondrá de forma totalmente plana en el suelo, es preferible que sean muy flexibles y que se doblen sin esfuerzo. También hay que evitar los zapatos con broches o correar laterales que puedan hacer daño en la pierna del niño cuando se intente levantar, sentar o, incluso, si pierde el equilibrio.

La suela, además de blanda, deberá ser antideslizante de modo a evitar que se pueda hacer daño al gatear. Además, el zapato debe ser transpirable para mantener saludable la piel delicada del niño.

Empiezan a dar los primeros pasos

Con los primeros pasos, las necesidades en relación a calzado vuelven a cambiar. En esta etapa, aunque sigue siendo preferible que el calzado sea ancho para permitir el movimiento, se hace necesario una suela ancha, flexible y que no resbale.

El calzado debe ser ligero para que pueda caminar sin dificultad pero, a la vez, debe proteger y sujetar correctamente el pie.

En esta etapa los niños no paran de andar y correr y la importancia de un material transpirable sigue siendo de gran importancia para evitar problemas en el pie por un exceso de humedad.

Acertar con la talla exacta del calzado

Para elegir correctamente la talla del calzado, lo ideal sería medir el tamaño del pie del niño, tanto la longitud como la anchura. La medida se tomará de ambos pies y, como no suelen ser exactamente igual, se tendrá la cuenta la medida del mayor. A esa medida habría que añadirle, desde la punta del dedo más largo hasta la punta del zapato, aproximadamente 15 milímetros. Este margen permitirá el movimiento del pie y, además, habrá un pequeño margen para el crecimiento del pie.

De igual modo, tener en cuenta la forma del pie y los zapatos que más se podrán adaptar pues, aunque la talla sea la correcta, un pie más ancho o con un empeine más elevado necesitará un zapato que proporcione el espacio necesario para que el niño se encuentre cómodo.

Durante los primeros 3 años de vida, es preferible comprobar la talla del zapato cada 3 meses, aproximadamente. Una vez superada esa edad, porque el pie crecerá de forma más lenta y porque el niño empezará a saber quejarse, se puede ir espaciando más la comprobación, pudiendo hacerse dos veces al año.

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